Reportaje

En primera línea de batalla

El día amanece lluvioso y gris en las calles de Madrid, si fuera un día normal, a las 8:00 de la mañana el trafico sería un infierno con el asfalto mojado, pero no hay rastro de los coches que hace no tanto tiempo abarrotaban las grandes arterias de entrada a la capital. Desde el 12 de marzo, en España la normalidad se perdió, para luchar contra un enemigo invisible que atiende al nombre de SARS-CoV-2. Para intentar paliar los estragos que la COVID-19 sigue causando en Madrid, a día 17 de abril son 50694 casos confirmados y 6877 fallecidos, se encuentran equipos formados por cuatro personas que pertenecen al SUMMA, servicio de emergencia médica de la Comunidad de Madrid. Se desplazan casa por casa en las 29 ambulancias medicalizadas de las que disponen a lo largo y ancho de la Comunidad de Madrid. En las semanas de mediados de marzo, donde el pico de contagios estaba en lo alto, atendían una media de seis mil llamadas de emergencias diarias recibidas al teléfono 112 y 061 desde donde esas centralitas filtran las llamadas y dan aviso a las diferentes ambulancias. Una de esas ambulancias, la UVI6, con base en uno de los barrios más humildes de Madrid, el barrio de Vallecas, se encuentran el médico Alonso Mateo, adjunto a la coordinación de los trasplantes de la Comunidad de Madrid, que decidió cambiar de rama sanitaria provisionalmente para compaginar guardias en el hospital de campaña IFEMA con guardias en el SUMMA, junto a él están Marta, como enfermera, y los técnicos, Dani y Miguel, este último se acaba de incorporar a su puesto de trabajo después de estar veinte días enfermo a causa de coronavirus. Como dice él “miedo ninguno, respeto mucho, pero sobre todo con ganas de ayudar y aportar mi granito de arena para poder vencer por fin a esta pesadilla”; y es que es un denominador común en todos los sanitarios ese ADN de trabajar por y para los demás.

En la calle Pradillo de Madrid, en el registro civil, fue donde Amanda y David contrajeron matrimonio, gracias al artículo 52, rigor mortis, que acelera todos los plazos en casos de enfermedad muy grave.

A la boda, debido a las restricciones, solo pudieron acudir quince personas.

Leire agarra las manos de su padre.

David posa sonriente en su casa con la cicatriz que le dejó la operación de cáncer gástrico a la que se sometió. Fue el último día que estuvo en su casa.

La fatiga a la que se veía sometido durante gran parte del día por la dificultad respiratoria hace que necesite estar sentado durante gran parte del día.

David junto a sus padres visitan el nicho donde yace su abuelo y en el que él decidió que quería que descansaran sus cenizas. Menos de veinte días después, David, fallecía.

La madre de David se abraza a las cenizas de su hijo en presencia de su marido y de Amanda, la esposa de David.

Las cenizas de David son introducidas en el nicho junto a su abuelo en el cementerio madrileño de Fuencarral.

Funeral de David, donde pudieron entrar veinticinco familiares cercanos, que observan el testimonio que dejó grabado para que su hija nunca olvidará su voz.

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