Huesca, Huelva
14 Marzo 2020

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Reportaje

La UCI en tiempos de pandemia

El 31 de diciembre de 2019, la Comisión Municipal de Salud de Wuhan, provincia de Hubei, China, notifica una serie de casos de neumonía en la ciudad. Se determinará que están causados por un nuevo coronavirus, bautizado como SARS-CoV-2. Como una ola siniestra, los contagios y muertes por el virus se extienden y aumentan. Llega a Europa, siendo Italia el primer país afectado duramente, a continuación se extiende por toda Europa, y posteriormente al resto de mundo. La pandemia provoca muchos muertos y estragos económicos, los países toman medidas de aislamiento y confinamiento. Cada país en mayor o menor medida es duramente afectado por los efectos del virus, y queda claro que el mundo, sus Gobiernos, los sistemas sanitarios, y la sociedad no estaban preparados para un hecho así. Esta etapa que nos ha tocado sufrir es indudablemente un hecho que pasará a la historia de la humanidad y, como tal, me planteé documentarla fotográficamente a través de la UCI del Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva, España. Los hospitales y en concreto las UCI son las trincheras de esta batalla contra la COVID-19, donde los sanitarios con sus propios miedos e inquietudes se jugaban su salud, y la de sus familiares por la posibilidad de contagiarlos, para cuidar a los enfermos más graves por el virus, que se debatían entre la vida y la muerte. El trabajo de UCI, y el cuidado de pacientes críticos, exige mucho esfuerzo y tareas especializadas; si a esto le añadimos enfermos críticos de COVID, donde hay que realizar todo eso, pero vestidos con trajes especiales, gafas, guantes, botas, etc., el trabajo se multiplica y el esfuerzo físico y mental es agotador. Los turnos eran de doce horas y se establecían circuitos, esclusas de limpio y sucio y equipos de trabajo. A veces permanecían dentro de un box, hasta tres y cuatro horas seguidas con los EPI. Salían exhaustos, con la cara marcada, y se iban a duchar, mientras otro equipo daba el relevo. Esperemos que acabe pronto esta pesadilla.

Paciente cero. Todos los pacientes que se encontraban en una fase crítica se colocaban en prono (boca abajo), durante ciertas horas al día y se iba alternado con el supino, es una maniobra muy común en pacientes COVID, ya que se intentaba de este modo mejorar su función respiratoria y la oxigenación.

360 grados. En el momento previo a la entrada en el box, había cantidad de gente vistiéndose y otra ayudando o supervisando.

Entregando el testigo. Era habitual que continuamente hubiera requerimientos desde dentro del box a compañeros de fuera, para que abastecieran de lo que iba siendo necesario, materiales, medicación, etc.

Bajo el puente, a veces había tareas o maniobras que requerían varios profesionales dentro del box, y se alargaba la estancia de los mismos en su interior durante horas.

Gasometría. Una enfermera muestra el resultado de una prueba analítica de sangre al intensivista, el cual estudia los diferentes valores para ajustar parámetros en el respirador, comprobando ciertos aspectos del estado ventilatorio del paciente.

La otra orilla. Un paciente en situación crítica y pronado está siendo atendido por enfermería con trajes especiales, toda la escena contrasta con el fondo idílico del paisaje que cubre toda la pared.

Enfermera de apoyo. Una enfermera con un EPI básico se coloca siempre en la puerta del box, cuando hay un equipo dentro del box, para observar, controlar, guiar, ser el nexo de unión con el exterior y aportar la ayuda necesaria que requiera el personal del interior.

Hacia la luz. Un celador se adentra en la zona de intermedios, donde se encuentran varios pacientes COVID, para realizar tareas de movilización de pacientes.

Encasillados. Un reflejo de lo que se vivía por parte de la sociedad en sus casas, encerrados, confinados; en este caso el personal parece estar también atrapado y encasillado por el virus.

Realidad simultánea, como si de un cuadro con distintas capas se tratase; desde el personal sanitario se vivían distintas realidades, un mundo dentro de otro. En la UCI estabas dentro de un mundo azotado por las consecuencias del coronavirus; dentro de la UCI, podías estar dentro del box, ataviado con los EPI o fuera del box. Constituían dos espejos de una misma trágica realidad.

Huellas. Después de llevar puestos durante varias horas el mono, las gafas y la mascarilla, los profesionales acaban con el cuerpo sudoroso, la cara marcada, pálida y triste, el cansancio y el estrés se reflejaban en su piel y en sus ojos. Turnos agotadores.

Una mirada de esperanza. A pesar de lo que se estaba viviendo, el personal miraba al futuro con optimismo, y deseando ver un horizonte más despejado de los estragos causados por la COVID-19. Pasaban los días y se animaban diciendo un día más, pero un día menos para estar más cerca del fin de la pandemia.

Abrazo. El personal demostró estar unido como una piña, haciendo un gran equipo solidario y en el que se ayudaban y animaban unos a otros ante esta situación de crisis que era novedosa para todo el mundo.

Leitmotiv. La esencia de todo el trabajo y los cuidados prestados era que a pesar de todo el sufrimiento había luz al final del túnel, y la gran satisfacción de todo el personal de UCI era ver cómo se marchaban los pacientes de alta a la planta ya mejorados. Y habiendo escapado de la muerte.

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